Entrevistas
Se
viene el estallido
En
su nuevo disco, la BERSUIT sigue con su mambo marginal, pero incursiona
en el mundo de los DJs.
El Nuevo disco de la BERSUIT se llama La argentinidad al palo
y es doble. En realidad va a salir en
dos partes. La primera LA ARGENTINIDAD, estará en las bateas
el 5 de marzo; la segunda,
Al Palo, en abril. El arte de tapa estaá a cargo de Maitena
y Alejandro Ros.
Gustavo
Santaolalla delegó parte de la producción en el
guitarrista Oscar Righi y el bajista Pepe
Céspedes. "Con Gustavo hicimos un laburo mágico:
23 bases en ocho días. Sobregrabamos muy
pocas cosas y está el espíritu
del vivo, que a veces en los discos se pierde", explica Oski,
recien llegado de Los Angeles; allí
masterizó el álbum en el estudio La Casa de Aníbal
Kerpel.
El
primero corte, que comenzará a sonar a mediados de este
mes en todas las radios, se llama
"La soledad"; es la primera vez que la banda trabaja
con un DJ, el uruguayo Luciano Supervielle,
de Bajofondo Tango Club. "Es un monstruo. Le dimos una canción,
a pura guitarra española, y
nos devolvió algo totalmente distinto", dice Pepe,
entusiasmado. ¿Otros temas? "La argentinidad",
"Convalescencia en Valencia", "No seas parca"
(una canción cool),"Coger no es amor" (en plan
disco),
"Va por Chapultepec" (una cumbia que cuenta la historia
de un argenitno por el México DF),
"Al olor de hogar" (con letra del murguero Ariel Prat,
radicado en España). En el segundo disco figuran
"Hit Hit Money Money", "Porno Star", y "Mariscal
Tito" (una deformidad en la línea histórica
de la Bersuit.)
Revista
Rolling Stone Enero 2004
Cordera
y cia. van por la continuidad del modelo
Rolling
Stone nº 72
La
argentinida al palo/Se es...Las primeras partes siempre fueron
buenas.
Y ya que La argentinidad al palo/Se es... fue concebido como un
disco doble -su segunda mitad,
cuyo subtítulo será...lo que se es, aparecera en
abril-, tal vez el primer CD constituya apenas el enunciado del
enigma,
la fábula sin la enseñanza, el chiste sin el remate.
La Bersuit suma estallidos de popularidad desde Libertinaje(1998)
e Hijos del culo (2000), y está tan disupuesta a buscar
nuevas glorias como el de Boca de Bianchi.
Por eso apela a sus mejores y conocidad armas: lubricar la piel
con grasa de chancho, quebrarse de emoción
y saber cómo convertir una noche argentina en una noche
de fiesta. No es un disco de quiebre, sino un disco de Bersuit.
El sonido muestras caras nuevas sólo en los scratches de
la "La soledad" y en el crima Thriller de "Coger
no es amor"
(a no asustarse, no es un tema sexualmente correcto , sino que
aclara que "empotrar" es "mucho mejor que hacer
el amor").
El
afilado olfato político que siempre ostentó la banda,
tanto como para seleccionar covers, adopta en tiempos
de Kirchner un perfil más bajo: al menos en esta mitad
del disco, sólo el tema "La argentinidad al palo"
se politiza
(un dueto de canillitas cita a Videla, Galtieri, Menem, Cavallo,
De la Rúa, Yabran y otros tumores de la historia patria).
Y ahora, cuando la narcodemocracia no es más musa, lo que
pasa al frente es ciclotimia existencial de la banda: saltos
de desenfreno ("Coger no es amor") a la pena profunda
(Cordera vuelve a demostar que es un gran cantante en "Convalescia
en Valencia");
de la jurga ("Va por Chapultepec" es un manjar de cumbia)
al miedo a la muerte ("No seas parca").
Y hay dos altos aportes compositivos. Uno de la dupla Juan Subirá/Ariel
Prat con "Al olor del hogar", que podría ser
el " In My Life" de Bersuit.
El otro guitarrista Tito Verenzuela que, con perdón del
diario Olé, se lleva el Premio Maradona gracias a sus temas
"A destiempo", puro pop nacional, y "Fisurar",
fibaoda-opereta al reviente que recuerda al Queen de 1975, pero
con clima de vagón del Ferrocarril Roca.
¿Será la segunda parte de la argentinidad... una
sorpresa, como el Revés del Yosoy de Café Tacuba?
¿O bien repetirá el patrón, como dos monedas
que sólo tienen cara -o ceca-, a la manera de Clandestino
y Próxima estación: esperanza, de Manu Chao? Se
es lo que se es.
Nota
exclusiva antes del Quilmes ROCK
Hacía
mucho tiempo que en la Capital de este país no se hacía
un festival de rock tan importante, y la escena, para cualquier
pupila ejercitadamente observadora, era realmente escalofriante.
Miles de jóvenes aglomerados en la cancha auxiliar más
importante del folklore nacional esperaban el comienzo de una serie
de shows patrocinados por la cerveza más importante del folklore
nacional. Algunos hablaban de su banda favorita, otros, de las peripecias
que habían tenido que lograr para adquirir una entrada -que
a cualquier trabajador- cuesta demasiado. Un poco más allá,
separados por una reja parecida a la de los zoológicos, se
encontraba la extensa gama de eso que –hace más de
treinta años- la última página del vespertino
La Razón solía llamar la farándula. La farándula
comía sushi con palitos, la monada (por las rejas, por acepción
propia) dudaba en comprarse una botellita de agua mineral exageradamente
cara. Los recaudadores dijeron que ese día había sido
el mejor –para sus bolsillos- y que ya no quedaban entradas
desde hacía varios días. Tal mestizaje –como
se le oyó decir a una señorita suficientemente adornada,
por supuesto perteneciente al sector de la very important people-
tenía su explicación en una banda: Bersuit Vergarabat,
el grupo de rock que más creció en estos últimos
años.
Nosotros
existimos y no somos sociedad
Días antes del mega festival en la cancha de River, Gustavo
Cordera, cantante y líder de Bersuit, también había
hecho referencia a eso de las clases sociales. Fue en una entrevista
en Del Cielito Records, estudio en el que grabaron las bandas
más importantes del rock nacional y que ahora les pertenece.
Gustavo, Cordera o simplemente “El Pelado” mató
de un aplauso a un mosquito que merodeaba la quinta. “Esto
es simplemente una lucha de clases. Era un mosquito fascista”.
Después de las risas, la banda se sentó en ronda
para hablar. Por ahí se comentó que la quinta era
hermosa y que era impresionante que ellos –que habían
vivido la mayor parte de su vida musical mendigando al público
que no se retirara de los recitales y robando para comer- pudieran
lograr este presente con éxito arrasador. “Fuimos
sobreviviendo y pudimos salir de aquel lugar. Nosotros, un instante
antes del exterminio, decidimos darle una vuelta a eso porque
no hay nada que valga más la pena que estar vivo y más
cuando tu muerte verdaderamente no le interesa a nadie. O no estás
diciendo absolutamente nada con tu exterminio –recuerda
Cordera- Una cosa es estar muriendo por un ideal, dando la vida
defendiendo a un ser querido, de una manera noble, perdiendo la
vida por alguien y otra cosa es hacerlo porque no se tiene otra
cosa que hacer.”
“Aquel
lugar” al que se refiere “El Pelado” data de
hace unos diez años, cuando la banda –que con su
primer disco Y Punto había logrado ser un boom discográfico
y llenar un Obras a medias- empezó a tocar en lugares cada
vez más pequeños hasta terminar con los músicos
subastándose en el escenario sin que a nadie le importara.
O con su cantante durmiendo todas las noches con una pistola bajo
la almohada buscándole un sentido a todo eso. “Era
muy loco lo que pasaba en aquella época –evoca Juan
Subirá, tecladista y también alma mater del grupo-
Por momentos odiábamos a las canciones y teníamos
ganas de destruirlas. El estupor en la cara de la gente era tan
grande y tan horrible que es recalcitrante que nos estén
reclamando volver a esas épocas”.
Pinta
tu aldea
Si hay algo que caracteriza a Bersuit Vergarabat es haber retratado
fielmente a través de sus discos no sólo los regocijos
y desventuras del grupo musical y humano, sino también
de haber captado exactamente todo lo que sucedió en la
década de los 90, período de nacimiento, agonía
y resurrección de la banda. Si bien su primer disco –1992-
no fue un éxito total, le dio un cierto reconocimiento.
Mientras tanto, la victoria del primer gobierno menemista empezaba
a hacer estragos. Su segundo y tercer disco (Asquerosa Alegría
–1994- y Don Leopardo –1996-, éste último
la obra conceptual más querida por el grupo) acompañaron
la agonía de una banda que intentó por todos los
medios auto-boicotearse. Entretanto, la cultura del uno a uno
veía pasar a señoras que llegaban de Miami con bolsas
de Bal Harbour. Su cuarto disco, Libertinaje –1998-, producido
por Gustavo Santaolalla, les dio el pasaporte a la recuperación
y un tema, Se viene, que vaticinaba las futuras jornadas de insurrección
popular de aquel diciembre de 2001. El quinto, Hijos del culo
–2000-, y el sexto, De la cabeza -2002-, fueron la confirmación
de un éxito. La misma confirmación que, dicen, tienen
aquellos sectores que de tanto pasar hambre sólo sienten
rebelión. “Nada humano me es ajeno. Ni a mí,
ni a vos ni a nadie –reflexiona Cordera- La diferencia radica
en qué intercambias con el mundo. Por ejemplo, Menem intercambia
con el mundo sólo sus miserias: no hay nada bueno de él
para los demás. Pienso que debe tener un costado sensible,
un costado bueno solamente que es para él. Y no se lo da
a nadie.”
¿Cómo
es, actualmente, la postura de esta banda que siempre mostró
estar en “la vereda de enfrente” del poder de turno,
ahora que soplan vientos de supuesta alegría generalizada?
En
el gran festival –ése en el que las personas eran
separadas por categorías a través de una reja- Gustavo
Cordera le explicó a las más de treinta mil personas
que deliraban por el show que jamás había votado
a Aníbal Ibarra en las últimas elecciones que hubo
en la Ciudad de Buenos Aires. Y que todo había sido un
ensañamiento del suplemento de rock del diario más
grande del país, Clarín. Inexplicablemente, en las
mil y una crónicas del día siguiente que hicieron
un balance del Quilmes Rock Festival, no mencionaron nada de este
episodio. “Yo jamás voté ni a Ibarra ni a
Kirchner. Yo sólo dije que estoy expectante. Por otro lado,
tengo una cierta sensación corporal de que algo está
empezando a cambiar pero no porque Kirchner sea el presidente
sino porque nos pasaron muchas cosas. Yo sólo confío
en la gente, entendés?”
Todo
un palo, ya lo ves
Subirá y Alberto Verenzuela, el guitarrista de Bersuit,
que habían estado al principio de la charla y se habían
retirado un largo rato, vuelven a la mesa del parque para continuar
la entrevista. La ausencia, explican, se debió a que tuvieron
que grabar las bases del nuevo disco que va a salir el año
que viene. La argentinidad al palo se llama el nuevo trabajo,
y ya estuvieron presentando varios de los temas en los recitales
que dieron a lo largo de este año. “Hacer este disco
fue una necesidad y surgió porque hicimos la cuenta de
que teníamos muchísimas composiciones, más
de 100 – comenta Cordera- La verdad es que fue bastante
dolorosa, como toda elección: elegir es doloroso.”
Subirá escucha y completa la idea: “Elegimos 23 canciones
y surgió la propuesta de hacer un disco doble. Va a salir
entre marzo y abril en dos partes que, estamos tratando, sean
al precio de uno”.
Uno
de los nuevos percusionistas de la banda se acerca despacio e
interrumpe cortésmente:
-Pelado, t>
Uno
de los nuevos percusionistas de la banda se acerca despacio e
interrumpe cortésmente:
-Pelado,
perdoname, el tema que vos me mostraste ayer es La Soledad Desespera,
no?
-Pelado:
Sí.
La
charla vuelve a su lugar. Verenzuela, o simplemente Tito, dice:
“Presentamos 70 canciones donde a cada uno (Gustavo Santaolalla)
nos dijo que seleccionemos las que más nos gustaban. Elegimos
las que más `flotaron´”.
Este
último punto, el de la intervención de Santaolalla
en los trabajos del grupo, hace rato que viene siendo un tema
con mucha tela para cortar cuando se menciona a Bersuit. Muchas
cosas se dicen de Santaolalla: que es un gurú del rock
latino, que todo lo que toca lo convierte en oro y otros mitos
que en realidad no están tan equivocados. La cuestión
es cómo maneja Bersuit Vergarabat estos mitos. “Nosotros
elegimos a Gustavo, y él nos eligió a nosotros,
porque es una persona a la que le tenemos confianza, que respetamos,
que tiene sensibilidad y que es artista –manifiesta “El
Pelado”-Gustavo reúne todas esas cosas, nos genera
un respeto y una confianza total: es como que le damos un hijo
para que lo cuide. Hay bandas que, lamentablemente, no eligió
y que hablan muy mal de Gustavo. Nosotros haríamos lo mismo:
estaríamos hablando pestes de él si no hubiera elegido
a Bersuit”.
De
todo se hablaba para traerte
El fútbol, quizá uno de los más importantes
íconos de esa argentinidad que Bersuit plasmó para
este futuro trabajo, hace rato que viene siendo tema de inspiración
del grupo. En una de sus más recordadas Aguafuertes Porteñas,
el genial Roberto Arlt -después de ver un partido entre
las selecciones de Argentina y Uruguay y uno de los escritores
que mejor describió el desarrollo de la argentinidad durante
la década del treinta- escribió: “Ganamos
los argentinos: 2 a 0. Hacía mucho tiempo que los porteños
no jugaban con trepidés. Los uruguayos dieron la impresión
de desarrollar un juego más armónico que el de los
argentinos, pero éstos, aunque desordenadamente, trabajaron
con lo único que da el éxito en la vida: El Entusiasmo”.
Últimamente anda rondando un nuevo sinónimo para
entusiasmo: muchos le dicen filosofía bersuitera. La misma
filosofía que les salvó la vida.
Violeta
Rosemberg - Jesica Tritten
De la cabeza, pero sin olvidarse del enemigo
El
público aportó las consignas de lucha y la banda
puso sus canciones. Así fueron los dos primeros shows de
La Bersuit en Obras, confirmando su liderazgo en el rock combativo
latino. Mientras que desde hace años Las Manos de Filippi
parecen haber encarnado el principal nervio político-combativo
en el under del rock argentino, Bersuit Vergarabat ostenta un
lugar equivalente desde lo que podría entenderse como el
mainstream (discográfica multinacional, promoción,
clips de rotación internacional, público local como
para completar tres Obras seguidos), lo cual afirma el poder de
su voz y el nivel de repercusión popular de su postura,
palpable en las canciones.
Esta
serie de shows que acompañan el reciente lanzamiento de
un disco en vivo (De la cabeza), además de ratificación
de su poder de convocatoria, también auguraba un tono explícitamente
político acorde a los tiempos que corren. Ese discurso
que se muestra alentado por la carga de sentimientos viscerales
y la voluntad de no agachar la cabeza que proponen las canciones
del grupo, pero muy especialmente por las consignas y los cantitos
del público, que en la noche del viernes abarcaron diversas
temáticas; desde los slogans de época (“Que
se vayan todos/ que no quede/ ni uno solo”), las identificaciones
(“Pi-que-teros, carajo”) y las advertencias (“Como
a los nazis/ les va a pasar/ adonde vayan los iremos a buscar”),
hasta un curioso reclamo de apoyo económico a la banda,
dirigido a los seguidores más novatos por parte de los
más fanáticos (“Compren el compact/ la puta
que lo parió”).
Los
Bersuit no necesitaron arengar desde el escenario ni estar verborrágicos
entre tema y tema para que el encuentro tuviera clima de respuesta
a ese difuso pero claro enemigo: “ellos”; (debe entenderse
que son, entre otros, Menem, Duhalde, la policía, el FMI).
En la vereda de enfrente, los intérpretes, los protagonistas
y los que bancan las canciones (los propios músicos, el
público y, según enumeran distintas letras a lo
largo de los años, los borrachos, las putas, los guachos,
los chorros, los maricas y los faloperos). En este contexto, Cordera
dedicó un tema a los familiares “de las 32 personas
que en los últimos meses perdieron la vida en la lucha”,
y a expresar el apoyo del grupo al “movimiento piquetero,
aunque a veces a la clase media le moleste no poder pasar con
el auto por una calle cortada”. Más allá de
esto, no hizo falta exagerar. El público y la banda saben
de qué lado del piquete están, y el show no insistió
demasiado en la furia, para dejar paso al espíritu festivo
que celebra la lucha y resistencia.
Con
compromiso, sí, pero sin dejar de lado el hedonismo activo
y el baile, con chicos sonriendo plenamente mientras se cantan
unos a otros, en la cara, esas letras que hablan de sus vidas
y de lo que pasa cada día en las calles. El evento musical
en sí implicaba para el grupo la paradójica presentación,
en vivo en Obras, de un disco grabado también en vivo y
también en Obras. Es De la cabeza con Bersuit Vergarabat,
registrado en junio de 2001, un documento sonoro que captura no
sólo el exitoso momento del grupo en términos de
convocatoria, sino también la equilibrada instancia musical
que atraviesa, ahora bien definido como una banda de rock latino,
sí, pero cada vez más sosteniendo lo rockero en
la actitud y las letras, y lo latino con música.
Está
claro que La Bersuit se mueve muy cómoda en la cumbia,
en el ska festejante y en el candombe, mientras que el sonido
“rockero” queda circunscripto a un par de canciones,
apenas. Y quizá como respuesta a los conciertos más
ajustados y atildados de los Obras 2001 (cuando la banda, acaso
con la presión de la grabación del álbum
en directo, tocó con distintos formatos y por momentos
fue exquisita), la serie 2002 resultó más caliente
que formal y algo ciclotímica, ya que en el repertorio
se evitó juntar hits, y eso llevó a que el clima
recién fuera decididamente de fiesta en el final.
La
presentación del viernes brilló en la esperada apertura
con la nueva vigencia de “El tiempo no para” (ideal
como audio para cualquier clip televisivo sobre la realidad argentina),
en las crónicas para-bonaerenses de “El gordo motoneta”
y “La petisita culona” (exponentes de la filosa mirada
del grupo para describir personajes de la vida de todos los días),
en el desenfreno químico que exponen el cuartetazo “La
bolsa” y la cumbia “Yo tomo”, en el final a
toda teta con “Hociquito de ratón” y en los
matices de peña de “La calavera” y eurodisco
de “20 millones”. Y, por supuesto, en los inequívocos
“Se viene” y “Señor Cobranza”,
aquel himno de Las Manos de Filippi que tanto irritó al
menemismo, y cuyo intento de prohibición derivó
en la inmediata colocación de La Bersuit en el altar del
rock combativo. A propósito: cada vez que esta canción
se hace oír en vivo, parecen surgir nuevas razones para
adherir a su espíritu de denuncia y bronca liberada. La
banda y su gente lo saben. Por eso no sorprendió que en
la noche del viernes el público asumiera el protagonismo
vocal.
Los
cantantes de la banda apenas se sumaron al final. No hacía
falta más. En el repaso de la trayectoria artística
de la banda de los pijamas, bien puede encontrarse la clave de
este presente de acción y apoyo popular del que gozan.
Asomaron cuando los noventa recién amenazaban en convertirse
en una segunda década infame del siglo XX argentino, resistieron
como pudieron (en medio de una tormenta interna repleta de pasos
en falso y excesos) durante el esplendor menemista y volvieron
con todo para contribuir al derrumbe del régimen. Fueron
la banda de sonido del final de una época. Ahora, después
de este disco en vivo, después de su consagración
como banda catalizadora de ciertas urgentes causas de reivindicación
social, después de la confirmación de su poder de
convocatoria, Bersuit seguramente inicia una nueva etapa, con
la previsión de un disco de estudio para el 2003 y el desafío
que implicaría probarse en el ámbito de un estadio
de fútbol, un escenario apropiado para aquello que la banda
y su público quieren decir
Pagina12
Desde
el ácido a la masividad
El
vocalista analizó la historia de la banda a través
de sus discos
Bersuit
Vergarabat comenzó a gestarse en 1987, pero fue en mayo
del 89 cuando se hicieron conocer en el under porteño a
base de un estilo desenfadado. El pelado Cordera se animó
a repasar con La Capital toda la historia discográfica
del grupo, desde "...y punto" en los primeros 90 hasta
"De la cabeza", el álbum en vivo editado el año
pasado. En esos años hubo de todo, desde el infierno de
las drogas y la casi extinción de la banda hasta el reconocimiento
popular y la masividad.
-"«...y
punto» fue un vómito, un disco hecho como se pudo,
tiene muchas falencias y es muy inocente", dijo Cordera respecto
al primer trabajo de la banda. "En cambio Asquerosa alegría»
fue oscuro y hermético -detalló-, se hizo en un
momento en que la banda se caía, y no fue aceptado por
la gente". Para el vocalista, "«Don Leopardo»"
fue místico, muy proclive a los viajes de ácido
y a las experiencias psíquicas que se dan a través
del ayuno, no dormir, locura y bardo en general. Fue el que más
costó hacer, la banda estaba al borde de la extinción
y casi no sale".
Con
"Libertinaje" conocieron la popularidad, con la producción
artística de Gustavo Santaolalla. "Es un CD muy extrovertido,
el más irreverente y fiestero", graficó. "Hijos
del culo" es el más "conceptual", es "el
más maduro y profundo" de la banda. "Ahí
contamos las cosas del llano, de la gente común",
dijo Cordera. Y después vino "De la cabeza",
que fue "un regalo para la gente".
Muchos
temas de estos discos podrán escucharse en Rosario. Acompañarán
a Cordera (voz), Oscar Righi (guitarra), Pepe Céspedes
(bajo), Juan Carlos Subirá (teclados), Carlos Martin (batería),
Carlos Sbarbati y Manuel Uriola (percusión) y Daniel Suárez
(coros). El acceso al anfiteatro estará abierto mañana
desde las 19 y el domingo a las 18, y no se podrá ingresar
con envases de vidrio, elementos de pirotecnia, reposeras, termos,
paraguas, sombrillas y banderas con palo.
Nota
al Pelado Cordera Antes de la presentacion de "De la cabeza"
en Rosario
(colaboro
Alejandra "La Calavera" mussi)
Gustavo
Cordera es la pelada visible de Bersuit Vergarabat, uno de los
grupos más convocantes de la Argentina. Bersuit tiene lodo,
barrio, murga, rock, cumbia, transpiración y talento. Y
el pelado Cordera respira esa esencia. A veces habla como un filósofo,
otras como un hincha de fútbol, pero siempre con transparencia,
con humildad y agradecimiento. "Nos parecemos más
a la Mona Jiménez que a los Redonditos de Ricota",
afirma la voz del grupo sin temor a equivocarse. Siempre con una
posición crítica hacia el gobierno, admite que la
banda está dentro del sistema y lo ve a Menem como "un
siniestro" pero también al "personificador de
los sueños de la clase media argentina". Y lanza una
máxima que tiene mucho que ver con el título del
disco que va a presentar Bersuit mañana, a las 22, y pasado
mañana, a las 20, en el Anfiteatro Municipal: "Para
vivir en la Argentina hay que estar de la cabeza".
-¿Bersuit
está realmente de la cabeza?
-Hay un agite muy fuerte; tenés que pensar que nosotros
estamos absorbiendo como banda el hecho de estar viviendo en Argentina
y más precisamente en Buenos Aires. Eso, si parás
las antenas y te ponés un poco permeable, sentís
que el agite en la cabeza y en las emociones es constante. La
gente que viene de otra parte del mundo se sorprende por la pasión
con que los argentinos vivimos nuestra historia. Viviendo acá
no podés estar de otra manera que de la cabeza.
-¿Por
qué su música atrae tanto a los amantes del rock
como de la cumbia?
-Por la manera en que trabajamos nos parecemos muchísimo
mas a la Mona Jiménez que a los Redonditos de Ricota. Estamos
tocando de tres a cuatro veces por fin de semana sin parar desde
hace mucho tiempo. Somos una banda que queremos que en nuestros
conciertos se arme una fiesta popular, que se baile, que se arme
una kermesse, que la gente se ame, que haya distintas clases de
emociones. No queremos ese rito ya viejo, como esa ideología
del rock, donde hay un cantante estrella y toda esa devoción
ritual. Hoy una fiesta se arma en la calle, en las murgas, en
los carnavales. Y nos parecemos más a eso. Somos de ir
más hacia la gente, que esperar que la gente venga a nosotros.
Es como nuestra esencia.
-¿Por
qué siempre los pijamas? ¿A veces piensan en no
usarlos más?
-No.
-¿Pero
si hasta Kiss se sacó el maquillaje por qué ustedes
no pueden cambiar de vestimenta?
-Porque me parece que cambiarse de ropa es algo totalmente epidérmico
y circunstancial. Lo que nosotros venimos a decir, al contrario
del estereotipo del rock, es que el cambio tiene que ser verdadero
y profundo. El pijama es nuestra piel. El pijama es la camiseta
de un equipo de fútbol, y eso no se negocia, no se cambia
por nada, esa es nuestra camiseta. Y cuando hay un cambio, que
sea en la música, en la poesía, en la estética,
en la forma de ver el mundo, en la manera de decir las cosas.
Que el cambio sea verdadero, y no que sea el peinado, la ropa,
los zapatos, el auto; todo eso lejos de ser un cambio es detenerse.
Es creer que uno está cambiando pero en realidad no cambia
nada.
-¿Se
sienten los abanderados del antisistema?
-No, de ninguna manera. Para mí, los abanderados del antisistema
son los piqueteros, la gente que se está muriendo de hambre
en todas las provincias, los artistas que no pueden exponer su
arte, los cantantes que no son escuchados. Esos son los antisistema,
no nosotros. Al contrario, Bersuit es una banda que está
dentro del sistema porque vendemos discos, hacemos conciertos
y cobramos las entradas. Nosotros formamos parte del sistema,
sólo que tenemos una postura crítica. El antisistema
son los que están verdaderamente afuera.
-Las
letras de ustedes les pegan al gobierno o rescatan a los marginados.
¿Esta direccionalidad es intencional o espontánea?
-Mirá, si hurgás en la procedencia de los integrantes
de Bersuit te das cuenta que venimos todos de extracción
humilde, muy de barrio. Yo, hasta hace muy poco tiempo vivía
en el Doke (Dock Sud). Y uno pinta ese lugar. Pero hace 15 años
que contamos esto.
-¿Ustedes
son rockeros que hacen cumbia o cumbieros que hacen rock?
-Lo peor que te puede pasar cuando haces música es tener
algún tipo de prejuicio. Creo que todos los géneros
son ricos, siempre y cuando los hagas con sentimiento, poesía
y corazón. Una cumbia tiene sensualidad, un tango tiene
nostalgia, una murga tiene irreverencia popular, un candombe tiene
raíz, una zamba tiene el sonido de la llanura. Y el rock
es un género más, como cualquier otro.
-Ah,
el rock es sólo un género más y no algo más
que un género.
-Y sí, porque entenderlo como el rock and roll y el resto
es una visión facista, como River-Boca. Esa visión
facista trae como consecuencia la desintegración y eso
hace que te pierdas de saborear las distintas cosas del mundo.
-¿Por
qué Bersuit hace pocos temas de amor?
-Nosotros hacemos temas de amor, pero no solo entre un hombre
y una mujer. Siempre quisieron imponer ideas preestablecidas.
Desde el siglo 17, con el romanticismo, y después siguió
en el siglo 19 con la Iglesia, el casamiento, la formación
de la familia. Todos esos son conceptos que utilizó la
sociedad con la revolución industrial para que el hombre
se case, tenga hijos, trabaje día y noche, y que sea fácil
de gobernar y controlar. Son ideas que van junto con la culpa,
que es un sentimiento que lleva 2000 años en la tierra,
desde que crucificaron a Jesucristo. Y todo eso hizo que el amor
quede detenido ahí. Y lo que no responda a esto no es amor.
Por eso nos odiamos los unos a los otros, por eso las guerras.
-Tienen
la misma bronca contra el gobierno y contra Menem.
-Mirá, lo que descubrí con el tiempo, es que Menem,
independientemente que es un personaje siniestro del panorama
nacional, no es más que la personificación de los
sueños de la clase media argentina. No es un extraterrestre,
vino del voto popular.
-¿Hay
futuro en el país?
-Yo creo que el país tiene salida, siempre y cuando el
destino lo tome la gente con su sensibilidad y su corazón.
Todos los postulantes que hay ahora no sirven ninguno.
-¿Sienten
que habrá un tema de Bersuit que quedará en la historia
del rock?
-No me gustaría que quede una canción como obra
póstuma, porque estoy en contra de toda esa cosa ideológica
que hay detrás de un artista que es verdaderamente lamentable.
Para mí, el arte tiene que volver a la gente, no ser de
los artistas, hay que desolemnizarlo.
-¿Como
serán los shows en Rosario?.
-Muy calientes, estrenaremos "Convalescencia en Valencia"
y "La Calavera", que son temas que aún no grabamos,
y tocaremos los temas que les gustan a todos. En Rosario, el agite
es tremendo.
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