Entrevistas
Un
viaje al país de la furia con Gustavo Cordera y la ¡¡Bersuit!!
Hace
quince minutos que los músicos de Bersuit Vergarabat terminaron
la última entrevista grupal del día (hubo fotos
y un reportaje para una revista; una nota y un par de canciones
para un canal de televisión) y antes de empezar el ensayo
encendieron un merecidísimo porro. El clima en la sala
del estudio TNT, sin embargo, no es distendido. Falta una semana
para una serie de tres conciertos en el estadio obras y la banda
no suena ajustada. Después del porro, tocan "El tiempo
no para" mientras Gustavo Cordera hace unas notas telefónicas.
Cuando el Pelado termina de hablar por un celular prestado (él
no tiene), entra en la sala a los gritos.
-
¡No, loco, así no va! ¡Es un desastre! ¡Salió
como el orto, no se arma el groove, está muy lenta!
- Es que recién terminamos de fumar - se excusa el Cóndor.
- ¡Entonces hasta el viernes no fumemos más antes
de ensayar, loco! - grita el Pelado
- Estoy de acuerdo - dice Pepe Céspedes, el bajista, sentado
en una banqueta.
- Sí, che, paremos con el porro - agrega Albertito Verenzuela,
guitarrista.
No,
la Bersuit no se volvió una banda zen positiva, ni sus
músicos se hicieron vegetobudista. "Pero hay que saber
cuándo hacer las cosas", explica Cordera, diez días
y tres Obras después, sentado en el bar Británico,
en Defensa y Brasil, frente al Parque Lezama. Conclusión:
siguen consumiendo lo mismo de siempre, pero sólo en el
lugar y el momento correctos.
-
Siempre hacemos todo a destiempo, por nuestra tendencia natural
a boicotearnos. Tenemos que cuidarnos. Yo te puedo asegurar que,
si queremos, en un mes podemos destruir catorce años de
laburo con mucha facilidad. Ya sabemos lo que nos gusta. Si en
ese instante decís: "No tienen nada que hacer, diviértanse",
sabemos como hacerlo. Por eso tiene que haber un marco de contención.
En ese sentido, yo me siento muy feliz con lo que pasó
el fin de semana en Obras.
Durante el fin de semana del que habla el Pelado (el viernes 5,
el sábado 6 y el domingo 7 de julio), 14 mil personas vieron
a Bersuit en el estadio de básquet más famoso de
Buenos Aires. Pero al cantante no le agrada el lugar común
que indica que a la banda le va bien cuando el país se
incendia.
-
Creo que lo que triunfa en este momento con la Bersuit es la idea
de grupo humano. Tuvimos muchos años sobrevalorando las
individualidades y creo que eso hizo que la gente depositara fe
en el individuo exterior, un Presidente, un ministro de Economía,
un salvador religioso, y se olvidara de esa cosa cooperativa y
tribal que es el grupo humano, que tiene muchísimo más
poder que el individuo en sí mismo. Agarrar a un líder
piquetero es mucho más fácil que agarrar a las 30
mil personas que marcharon ayer [se refiere a la marcha del 9
de julio, de Congreso a Plaza de Mayo]. Y el triunfo de la Bersuit
es el triunfo de un grupo humano. Es lo que me hace sentir orgulloso.
¿Qué
hubiera sucedido con los integrantes de Bersuit Vergarabat de
no haber existido la banda? Aunque es difícil imaginarlo,
cualquier intento arrojaría conclusiones bastante frustrantes
en comparación con el actual éxito conjunto. Carlos
Martín integró una sola vez en un grupo "por
la plata" (La Fundación, a fines de los 80), pero
el grupo duró poco porque "la plata no apareció".
Desde entonces y hasta hace cuatro años - cuando pudo empezar
a ganar dinero como baterista de la banda -, vivió de hacer
marcos para cuadros, oficio que aprendió de quien también
fue su maestro de batería: Alejandro Pensa. En 1983, Carlitos
(así lo llaman todos) trabajó como su asistente,
cuando Pensa era baterista de Patricio Rey y los Redonditos de
Ricota. Hoy el profesor de Carlitos es asistente y "doctor
en baterías" de Bersuit.
"Siempre me pareció que tener una banda era lo más
saludable que me podía pasar, más que acompañar
a alguien", dice Carlitos. "A mi me gustó siempre
ese lugar colectivo en el cual poder zapar, hacer improvisaciones.
Y una banda siempre te da más lugar para eso." Además
de tocar la batería, Martín también se ocupa
"de todo lo visual de Bersuit, desde el armado del escenario
hasta las ideas y la supervisión del arte de tapa".
Para el último ciclo en Obras fue con el Pelado a comprar
los pijamas.
Carlitos tiene 36 años, igual que el bajista Pepe Céspedes
y el tecladista Juan Subirá, y con ellos, en 1986, formó
la banda "de fusión" La Palangana. la génesis
de Bersuit. Esa "fusión" incluía candombe,
murga, cumbia, chamamé, algo de jazz y casi nada de rock.
Casi como Bersuit ahora. Un día, en la Casa de las Artes
de Avellaneda, tocó La Palangana, apareció Gustavo
Cordera y terminaron en el escenario zapando juntos. Tiempo después,
el Pelado les propuso armar una banda para un concurso organizado
por Tom Lupo, y Henry y La Palangana (a Cordera lo llamaban Henry)
ganó el Primer Puesto. Después cambiaron el nombre
por el de Bersuit Vergarabat y así empezó todo.
El Pelado confiesa que Carlitos fue la persona que le enseño
a escuchar música.
- Cuando entré a Bersuit yo no había ido nunca a
ningún recital de rock. Carlitos empezó a preocuparse
por eso y empezamos a ir a ver bandas. Me hacía escuchar
música para que diferenciara los instrumentos. Carlitos
es el disc jockey del grupo, el que trae la música de afuera,
junto a Juan. Trae música africana, música celta,
música búlgara, música de cualquier lado.
En el equipo, Carlitos es el arquero. Y también un buen
defensor.
El
Pelado lleva un buzo que de tan feo no llega a ser horrible y
mucho menos kitsch o camp. La ronda de entrevistases en el bar
de Salta y Cochabamba, y el primer turno es para el programa de
cable La Viola, de TN. Cuando termina la nota, salimos a tomar
un taxi para ir hasta el bar Británico. Mientras esperamos,
se le acerca una vieja.
- ¿Usted es de La Mosca? - le pregunta.
- No, señora, yo estoy con Las Cucarachas - le contesta
el Pelado.
- Yo estaba en el programa de Tinelli - insiste la vieja.
- Ese se la lastra - el Pelado le sigue el juego.
- No me diga... ¿Y a Fantino no lo conoce? Yo lo conozco
a Fantino - la vieja está totalmente pirucha.
- Sí, una vez fui al programa de Fantino -dice el Pelado.
Llega el taxi. La vieja se queda hablando sola.
- Es verdad lo del programa de Fantino -me cuenta arriba del taxi-.
Antes de salir me tomé un par de papeles y no podía
hablar. Un bochorno. Juro que no voy a tomar más antes
de ir a la televisión.
Cuatro
horas más tarde, después de hacer notas con un programa
de cable, tres diarios, dos revistas y un portal de Internet,
el Pelado intenta irse del bar Británico. En la vereda
lo encara un borracho. No lo reconoce, pero igual tiene algo para
decirle. Todo bicho que camina y no va a parar al asador se pone
a charlar con Gustavo Cordera. Y el pelado habla.
- Esto me pasa de chico, mucho antes de formar parte de Bersuit.
Mi abuela murió en un neuropsiquiátrico y tengo
otros familiares que se volvieron locos. Recibo mucho dolor de
la gente. Cualquier persona que está mal de la cabeza tiene
deficiencias de algún tipo se me acerca.
- ¿Charlás con todos?
- Es que es dificilísimo desprenderse de ellos. Forman
parte de tus días sin saber por qué. Por ejemplo,
este fin de semana vino un chico mendocino que se llama El Indio,
entró en Obras y se hizo cargo de la seguridad del lugar
y del camarín durante los tres días. No fue ni contratado
ni fue llamado para eso ni nadie se cuestionó qué
estaba haciendo ahí. Tres días estuvo trabajando
sin cobrar un peso, por el sencillo hecho de hacerse cargo del
lugar. Bebió todo lo que había, consumió
todo lo que había para consumir y cuando todo terminó
se volvió a Mendoza. Un nivel de psicopatía magnánimo,
incuestionable en su función.
Doy
fe: las fiestas en la casa de Juan eran cosa seria. Yo fui a un
par de esas fiestas inolvidables, las dos en el departamento de
Almirante Brown y Pinzón. ¿Qué había
allí? Una combinación infalible: buena música
(mucho rock argentino, mucha música brasileña, uruguaya
y de todo el mundo; reggae, cumbia) y gente que sabía divertirse,
con ganas de divertirse. Había drogas y alcohol, pero no
mal rollo. Las fiestas en lo de Juan fueron la reserva espiritual
en los momentos más difíciles de la banda. Le planteo
al Pelado mi teoría: que Bersuit triunfó cuando
pudo reproducir aquellas fiestas ante la gente; cuando captó
esa esencia y la socializó con el público. El Pelado
asiente.
-
En las fiestas, uno se convierte en lo peor, en lo que nunca se
atrevería a mostrar en la sociedad, y hasta produce risa.
Están las miserias ahí, está la desesperación,
y se está bailando y disfrutando de eso. A mí me
parece que sacar la desesperación afuera hace que uno se
sienta mucho más aliviado, más saludable. La fiesta
hace bien, loco, cura todos los males. Uno no puede morirse nunca
en una fiesta.
En aquel departamento de La Boca, Juan vivía con su hermano,
también Juan. Juan es Juan Carlos, y su hermano, Juan José.
El padre de ambos también se llama Juan y su abuelo también.
El hijo de Juan José también se llama Juan, pero
el de Juan (Juan Carlos Subirá), que nacerá en tres
meses, se llamará Telmo. Los hermanos Juan y Juan compartían
con un amigo el departamento frente a la seccional. Ahí
hubo un bardo un par de veces, como aquella en que había
un patrullero estacionado en la puerta y nadie podía entrar,
ni salir, y los pibes, desde la ventana, les gritaban de todo
a los ratis. Después el amigo se fue y los Juanes tuvieron
que mudarse a un lugar más chico.
Se fueron a pocas cuadras, Almirante Brown y Blanes, también
en La Boca. Allí, por supuesto, continuó la fiesta
eterna. Juan recuerda haber llegado a su casa un jueves a las
5 de la mañana y ver gente (amigos, amigos de amigos, conocidos
y no tanto) que lo esperaba en la puerta "porque sabía
que algo iba a pasar". Y pasaba. Entonces empezó a
haber problemas con los vecinos. Hubo un episodio que Juan prefirió
no divulgar durante mucho tiempo; porque siguió viviendo
en el mismo lugar algunos meses después del incidente y
porque quedó shockeado. Pero, fundamentalmente, porque
fue la motivación del tema "El viejo de arriba",
"el nuevo hit del lumpen rockero", según Cordera.
Y Juan creía que, de saberse los detalles, la anécdota
condicionaría a quien escuchara la canción.
Un vecino, muy enojado, bajó con una escopeta, golpeó
a Juan en la cabeza con el arma y le dijo: "Yo puedo hacer
esto", mientras le disparaba a los pies. La bala le rozó
la pierna. El Pelado le dijo algo al tipo y "el viejo de
arriba" le contestó: "Vos no cantás más",
al tiempo que le disparaba, según Juan, a no pegarle. Y
después volvió a dispararle a Juan. Al menos esta
vez no lo rozó. Se fueron corriendo al Argerich, pero Juan
no tenía otra cosa que el susto más grande de su
vida.
Antes de mudarse con su hermano, Juan vivía en un caserón
enorme y semidestruido en San Telmo con Pepe y la que era novia
de Pepe (hoy están casados), y Carlitos y su novia de entonces.
Allí se gestó el culto de la banda por la música
uruguaya. Fue Juan el primero que consiguió discos de Jaime
Roos, de Mauricio Ubal, de Leo Maslíah, de murga y candombe.
Y el que se los hacía escuchar al resto.
Si bien, a diferencia del Pelado, Juan sí había
visto algunos conciertos de rock antes de subirse al escenario
de Bersuit, tampoco era demasiado rockero. Como los demás
integrantes de La Palangana, prefería ir a ver a Litto
Nebbia, Los Músicos del Centro, Rubén Rada, Dino
Saluzzi, Lito Vitale o bandas de jazz tradicional. Del "rock
nacional" le gustaban Serú Girán, Spinetta,
Manal y no muchos más. Y, a la hora de elegir discos, prefería
los de Egberto Gismonti, Keith Jarrett, Pat Metheny, Meredith
Monk o Hermeto Pascoal. "Por eso cuando empezamos a tocar
con Bersuit me sorprendí mucho al ver ciertas cosas como
el pogo", admite Juan. "Sabía que existía,
pero la primera vez que lo vi fue tocando en Babilonia ante 500
personas. Yo pensé: "Uy, está todo mal".
Con el tiempo entendí que era una nueva forma de baile,
de contacto, hasta de demostración de cariño si
se quiere, aunque violenta, que responde un poco a cómo
son la sociedad y la ciudad."
Si bien participó de la formación original de Bersuit,
en los primeros tiempos Juan no estaba muy seguro de querer ser
parte de una banda y sólo subía al escenario como
invitado en algunos temas. En esa época integraba el grupo
experimental La Salud de los Enfermos, que formaba con teclado,
saxo, violín y bajo. "En 1987 fui a un taller de composición
en el Centro Cultural San Martín, que dirige Ricardo Capellano.
Ese taller me abrió mucho la cabeza y me interesó
la idea de trabajar en la música experimental. Se armaban
grupos y se componían obras conceptuales, que en general
eran raras por el tipo de búsqueda. Y ahí se armó
La Salud de los Enfermos, donde estuve tres años."
Un día Juan decidió que Bersuit era su proyecto
artístico principal, por amistad y porque vio que era el
lugar donde mejor podía canalizar aquello que más
le gustaba hacer: escribir canciones. Tomó la decisión
en el ´93, cuando, después de tocar en Mar del Plata,
se quedó a pasar el verano allí con el Pelado y
otro amigo que vendía remeras. "Yo no quería
saber nada, pero me quedé", recuerda el tecladista.
"Deambulamos por la costa, afincados en el camping de Mar
del Plata, y comenzamos a experimentar ciertas cosas, a pasarla
bien y a componer temas, que se convirtieron en los temas de Don
Leopardo. A mediados de ese año La Salud se separó
y me quedé definitivamente en Bersuit."
Mientras la banda no generaba dinero, Juan vendía los parlantes
y radios para autos que armaba su viejo. "Me las rebusqué
con eso muchísimo tiempo, hasta el 98, cuando todos empezamos
a dedicarnos de lleno a la música." Ese mismo año
(en el que apareció Libertinaje), editó de manera
independiente "Desconcierto para uno solo", un libro
de relatos, poemas y textos inclasificables que se consigue en
los shows de Bersuit; el Pelado o él mismo suelen leer
algunos textos en vivo. Ahora Juan tiene casi listo un segundo
libro, que seguramente será de cuentos, pero con el trabajo
de la banda se le hace difícil terminar de corregir el
material.
Cuando pueden lee sus cosas en el café literario del GuerBarA,
como antes lo hacía en el Cabaret Poético de Tom
Lupo, en el ciclo de B.Ode o en Yacaré Cumbiao. "Me
gusta participar de eso, tiene que ver con la noche y con un montón
de personajes, más allá de que escriban bien o mal."
Según el Pelado, Juan es una especie de editor literario
dentro de Bersuit.
-
No hay letra editada de la banda, por más que no sea mía
ni de Juan, que no tenga la mirada de Juan o la mía. Y
en el caso de que él haga una letra, la última mirada
la tengo yo; y en el caso de que yo haga una letra, la última
mirada la tiene él. La mirada que te dice sí o no.
Y se respeta esa mirada.
Diga
usted, buen hombre, váyase a la concha puta de su madre,
la virgen!
"¿Como digo eso? Muy sencillo: es una teoría,
pero confío en mis dotes analíticas para aclarar
mis dichos. La madre MAría dio a luz a un niño llamado
Jesús. Se dice que su padre fue el Espíritu Santo,
y no José el carpintero. Si esto fuera realmente así,
¿por qué no fue bautizado con el nombre de Jesús
Espíritu Santo? En cambio, como todos sabemos, fue llamado
Jesús de Nazareth. Y Nazareth es un pueblo. ¿Puede
ser que María, lejos de ser virgen, haya sido una puta
del pueblo entero? ¿Y que a la vez haya copulado con todos
y cada uno de sus habitantes? (...) Sostengo que Jesús
fue el verdadero hijo del pueblo, un hombre conformado por el
semen de todos los hombres. Un verdadero prodigio genético
(...)."
(Fragmento de "Teoría de la virgen", Juan Carlos
Subirá, abril de 1996. Incluido en el libro "Desconcierto
para uno solo".)
El
periodista de Canal á no aparece en cámara, así
que les pide que en cada respuesta retomen el tema sobre el que
pretende que hablen. Les dice que tengan en cuenta que van para
toda América latina. Y les pregunta cosas como: "¿Ustedes
son la banda más comprometida? Porque yo creo que sí...",
o "¿Creen que son más representativos que los
políticos?". El pibe quiere que el Pelado se desboque,
que diga que son todos una mierda, los políticos, los milicos,
el FMI, Menem, Caballo... Y el Pelado habla. Eso sí, después
hay que elegir una canción y les propone a sus compañeros
de banda: "Hagamos algo cool, que es para Canal á
y pasan a Caetano Veloso, ese tipo de cosas...". Si hay algo
que el Pelado aprendió en estos años es que dar
entrevistas es una parte importante de su trabajo.
En Parque Lezama, el camarógrafo de Crónica Musical
dice "listo" y el periodista va con la primera pregunta.
- Bueno, Gustavo, van a estar presentando en Obras el disco "De
la cabeza...".
- No, vamos a tocar muchas canciones nuevas y algunas inéditas
- me mira, me guiña un ojo y sonríe apenas, como
para no faltarle el respeto a nadie -; sería muy psicópata
presentar en vivo un disco en vivo.
Después vuelve a ponerse el casete.
"Creo
que estoy más rockero que antes", asume Pepe Céspedes.
"Me gusta más el rock que cuando tenía edad
de rock. Ahora compro discos de rock y antes compraba discos de
Pat Metheny. En esa época no escuchaba bandas de rock,
salvo los Beatles, Genesis y toda la mano sinfónica. En
cambio ahora me gustan Blur, Oasis, Gorrillas o Nine Inch Nails.
Y de acá me gusta El Otro Yo."
Pepe no fue el bajista original de Bersuit, pesar de que era amigo
de todos y los conocía desde hacía mucho tiempo,
porque no le cerraba el hecho de dejar La Palangana y formar una
banda de rock. Como a Juan. El primer bajista de Bersuit se llamaba
Miguel Jara. Desde que Jara se fue, Pepe aporta lo suyo como bajista,
como compositor y como arreglador.
Durante mucho tiempo fue, también, junto a Charly Bianco,
el que contenía, como podía, el descontrol que reinaba
en la banda. Bianco dejó Bersuit, cansado de tratar de
controlar lo incontrolable. Así que esa tarea, una de las
más arduas, cayó exclusivamente sobre las espaldas
de Pepe. "yo soy el que se pone las pilas en los ensayos
y trata de que la banda esté en foco", define Pepe.
"Se me hizo duro, sobre todo cuando se fue Charly, porque
a mí también me gusta lo otro."
Pilar musical de la banda y, a la vez, encargado de mantener las
cosas más o menos encarriladas, no es extraño que
Pepe sea el mayor fan de Gustavo Santaloalla. Y se le nota cuando
habla: primero, por eso de que la banda esté en foco. Luego,
al comentar que cuando se les ocurre una melodía a veces
la graban con una guitarra y un tacho haciendo percusión,
dice que es un registro in your face. Estar en foco y el sonido
in your face son dos expresiones fundamentales en el vocabulario
básico del gurú de Los Angeles.
Antes de vivir de la música con Bersuit, Pepe manejaba
un taxi. Y más tarde, en la época de Don Leopardo
(1996), puso un kiosco que fundió en dos años. Desde
entonces decidió que, pasara lo que pasara, se iba a dedicar
a la música. Dice el Pelado:
- Cuando hay que dar la última mirada a las canciones,
el encargado de eso es Pepe, porque es el más músico.
Es el que agarra la pelota dentro de la cancha y sabe manejarla.
Pepe juega de ocho, es el que tiene que estar mirando cómo
defiende, cómo ataca; es el nexo.
Periodista
de la Revista XXIII: ¿Qué sentiste el 11 de septiembre
cuando volaron las Torres Gemelas?
Gustavo Cordera: Era algo que en algún momento iba a ocurrir
y me llamó la atención que no hubiera ocurrido antes.
Fueron tantas las masacres que realizaron los Estados Unidos en
todo el mundo, que alguien, en algún momento, les iba a
hacer un daño así. Si a mí me hubieran cagado
a palos toda la vida y hubieran asesinado a mis hijos, a mis padres,
a mi mujer y a mis amigos, tranquilamente podría ser un
terrorista que se inmola.
En
su primer trabajo como guitarrista, Oscar Righi no tuvo que tocar
la guitarra. La música era de Astor Piazzolla y tuvo que
hacer playback. Oski (así lo llaman todos) tocaba la guitarra
tanto como Miguel Angel Solá el bandoneón. Fue en
1985, en la película El Exilio de Gardel, de Fernando Pino
Solanas, donde participó como extra. En esa época
estudiaba Ciencias Económicas en la Universidad de Belgrano
y trabajaba con su papá en una fábrica de llantas
de bicicleta. Pero Oski sabía tocar la guitarra. Había
empezado a estudiar a los 13 con Juan Barrueco y le gustaba el
rock, el maldito rock; un año antes había decidido
que quería ser como Spinetta.
Durante
el rodaje de El Exilio..., Oski se hizo muy amigo de Solá,
que empezaba a cantar sus propias canciones acompañándose,
como podía, con una guitarra. "Y como yo me quería
llevar las minas también, un día me traje mi guitarra
española y empecé a tocar con él." Juntos
formaron La Típica en Leve Ascenso, una banda músico-artístico-teatral
que tuvo cierto éxito a fines de los 80. Oski es el creador
de Alberto Carlos Bustos, el compositor de los temas del grupo,
algo así como la versión nac & pop de Johann
Sebastián Mastropiero.
La Típica duró seis años y si no siguió
no fue porque le fuera mal. Al contrario. Tan bien le iba a La
Típica que sus integrantes compraron un teatro, El Callejón
de los Deseos, del que Oski sigue siendo uno de los dueños.
Pero Solá no podía asumir todos los compromisos
que tenía con la banda. "Y para la gente, los productores
y la prensa, sin Miguel no había grupo..." Durante
uno de los paréntesis entre los compromisos que debía
cumplir Solá, a Oski le ofrecieron actuar en Estocolmo
con una cantante de tangos que por ese entonces era su mujer.
Se quedó un año en Europa e hizo de todo: desde
tocar hasta limpiar un McDonald´s; la paga siempre era buena
y le permitió comprarse con un par de guitarras midi y
equipos con los que acá no podía ni soñar.
Volvió, y a los tres meses le robaron todo después
de una prueba de sonido. "De alguna manera les agradezco
a los ladrones porque me sacaron el problema de la guitarra midi.
Dejé de creerme que era Pat Metheny y me puse a tocar la
guitarra." La Típica y la Bersuit tenían la
misma manager: Gloria Guerrero, hoy secretaria de Redacción
de Rolling Stone. Y fue Gloria quien le propuso a Oski que fuera
a tocar con la Bersuit. "Yo terminaba de tocar en el Alvear
con La Típica y me iba a Oliverio a zapar con los pibes.
Una vez funcionó, otra también, así que empezamos
a ensayar y nos hicimos amigos."
Dice que su papel dentro de Bersuit es "ponerle la potencia
eléctrica a la banda". El Pelado coincide.
- Oski es el reviente del rock, el odio en la guitarra. Me hace
acordar a dos nueves de Boca Juniors: Salinas y Randazzo. Pero
es raro ubicarlo en la cancha. Oski es el escepticismo y la duda
permanente. Tiene un sentido del humor tan corrosivo y tan ácido
que ni lo más sublime puede escaparse de su corrosividad.
Durante
el show, el Pelado habla poco. Poco, comparado con los momentos
insufribles de los años oscuros de la banda, cuando subía
al escenario después de que la merca y el alcohol le pegaran
mal. En Obras, antes de tocar "Perro Amor Explota",
hace una breve presentación.
- Este es un homenaje a las 32 personas que, desde el 19 de diciembre,
murieron por un ideal. Las últimas dos, hace diez días.
Hace mucho que no pasaba algo así: el pibe [Maximiliano]
Kosteki estaba tirado en la calle y [Darío] Santillán
fue a darle una mano. Cuando lo mataron estaba tratando de ayudar
al otro. ¿Cuánta gente es capaz de ir a darle una
mano a alguien en un momento así? El movimiento piquetero
es lo más solidario que está sucediendo en las bases
populares de la Argentina. Aunque a la clase media le moleste
que corten las calles y no puedan pasar con sus autos.
Ahora los que están sobre el escenario son los trabajadores
de editorial Perfil. El cantante explica a la multitud: "Ellos
están luchando porque un juez trucho e incompetente anuló
el Estatuto del Periodista. Eso es un atentado a la libertad de
prensa". La bandera dice POR LA DEFENSA DE LOS ESTATUTOS.
TRABAJADORES DE PRENSA DE EDITORIAL PERFIL. (Hoy, después
de que la Justicia diera lugar a la apelación de los trabajadores,
el conflicto entró en stand by por dos meses.) Suben los
obreros de la fábrica de cerámicos Zanón.
La bandera dice ZANON ES DEL PUEBLO. APOYE A LOS OBREROS. Con
los obreros, la banda toca "Señor Cobranza" y
el público rapea y canta el riff de teclado.
No es la primera vez que los músicos de Bersuit ofrecen
su micrófono a la gente en lucha. En 1998, durante la presentación
de Libertinaje en Parque Sarmiento, invitaron al Perro Santillán
para cantar "Señor Cobranza". En De la Cabeza,
antes de tocar "Vuelos" el pelado dice: "Este es
un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo, a las Abuelas de Plaza
de Mayo y a la agrupación H.I.J.O.S., que mantienen vigente
una historia que no se va a olvidar". "Vuelos"
es una canción que escribió Pepe, basada en el libro
El vuelo, de Horacio Verbistky. Después del tema, el estadio
arde y la gente corea: "Hay que saltar/ hay que saltar/ El
que no salta/ es militar".
Albertito
hacia bondis. Hace nueve años, cuando reemplazó
como guitarrista rítmico a Charly Bianco, Alberto Verenzuela
tocaba la guitarra en los colectivos. Lo hizo durante tres años
porque, según cuenta, entró en "el período
más oscuro de la banda", cuando no había un
peso y cada uno se las tenía que rebuscar como podía.
"Ganaba unos cuantos mangos, pero en esa época se
despilfarraba mucho, también", se ríe Albertito
(así lo llaman todos) con su sonrisa pícara a la
que le falta un diente. "Pero ayudaba en mi casa, donde la
cosa estaba medio jodida." Dice que tocar en los colectivos
lo ayudó a encarar a la gente ("pasé de la
timidez total a ser el psicópata que se presenta")
y que elegía los repertorios de acuerdo a la línea,
el horario y, sobre todo, el público que tenía delante.
Según el caso, podía hacer algo de rock nacional
(Charly, Fito, Spinetta, Calamaro), folklore o tango: "A
veces me volvía loco, tocaba jazz tipo Django Reinhardt
y golpeaba el techo del colectivo, o me ponía la guitarra
en la cabeza, o atrás, en la cintura. Hacía cualquiera".
Albertito era compañero de la primaria del hermano de Juan
Subirá. A los 8 años empezó a tocar folklore
y a los 10 se puso a estudiar clásico, ocho horas por día.
Hasta que descubrió a los Beatles y más tarde el
blues y el rock sinfónico y entonces, además de
estudiar, se puso a sacar canciones de oído. A los 20 era
guitarrista de una banda "de rock con sonido vintage"
que se llamaba Contorno y sus Adentros. Paralelamente se ganaba
la vida tocando el banjo en la Bohemia Jazz Band, en fiestas de
15, casamientos y recepciones. Entonces se reencontró con
Juan Subirá, que estaba tocando en La Palangana, Juan lo
invitó a zapar. "Empecé a meterme en ese mundo,
a ir a reuniones donde se debatían conceptos, se contaban
relatos, todos escribían..."
Unos años después lo invitaron a salir a escena
con Bersuit en dos shows... pero tocando la armónica. Albertito
recuerda en particular uno de los dos conciertos, en el Museo
Rock: subió en "Ausencia de Estribillo" y no
paró de tocar esa armónica durante todo el tema;
fue insoportable. Cuando Charly Bianco desertó, Albertito
fue el nuevo guitarrista de la banda. Dice que es parte de la
base de la banda: "Hago guitarras rítmicas, más
bien guitarras limpias, aunque me gustan mucho las guitarras sucias
y estoy incoporando cada vez más sonidos sucios. Me gusta
mucho el sonido crudo de la guitarra. Como The Who, por ejemplo,
o The Kinks".
Pero su gran aporte a Bersuit fue como compositor. "Yo compongo
mucho. Me agarran etapas de trabajar cinco o seis temas a la vez;
después paro y no hago nada por un par de meses. Por ahí
sólo escribo títulos y la armonía en la que
está. Por ejemplo, uno se puede llamar Pop en Do menor.
O Rock en Si séptima. Y así me acuerdo cómo
es la melodía, ya la tengo en la cabeza. Y me aparecen
personajes o situaciones a los que adherir esa armonía.
La mayoría de mis canciones tienen mucho de sátira,
de ironía. Tienen que ver con el costado psicópata,
cagador y engañador de los porteños. Pintan un poco
lo que somos."
Pero no siempre fue así. "Empecé a componer
a los 18; rock, más que nada. Pero también tangos,
reggae, canciones intrincadas con varios ritmos. Las tengo ahí,
archivadas. La mayoría son temas más bien oscuros.
A partir de los 25 se puso oscura la cosa. Me siento muy cómodo
en ese tono lúgubre. En algún momento puede que
agarre esas canciones, las revise y haga algo de ellas."
El Pelado dice que Albertito "es un genio".
- Es tan receptivo de todo lo que ocurre, que hemos pasado con
él por experiencias insólitas. Por ejemplo, un día
toqué una canción por primera vez, con letras y
música; él se estaba bañando y se suponía
que no me escuchaba. Cinco días después agarró
la guitarra y me dijo: "Che, qué buena esa canción
que escuche el otro día", y se puso a hacerla con
los mismos acordes, la misma melodía y la misma letra.
No sólo se sabe todas las canciones que hacemos, sino la
obra completa de los Beatles, de los Rolling Stones, de Abba,
de Sandro, de Black Sabbath, de Radiohead, de Gaby, Fofó,
Miliki y Milikito, todo tipo de canciones folklóricas.
Y como compositor es brillante. Es como el Loco Houseman: puede
hacer una jugada genial o entrar borracho adentro de la cancha
y no agarrar una pelota.
Queremos
las tetas / que lindas que son / para toda la monada / Hociquito
de ratón. La popu está caliente y el Pelado pide
garantías: "Hociquito..." se toca sólo
si "hay garantías". Sabe que las hay: en el camarín
esperan cinco chicas que debajo de sus largos abrigos llevan solo
pantalones y polleras. Arriba, nada de nada. Los abrigos no tapan
mucho que digamos y dejan evaluar perfectamente el panorama: todas
tienen muy buenas tetas. Algunos pares de tetas están llenos
de brillantina y una de las señoritas tiene maquillada
la cara como una gata.
Luego del concierto, el Pelado confesaría que lo sorprendieron
tantas "garantías": doce mujeres y 24 tetas subieron
el viernes a bailar y pelar durante "Hociquito...",
y otras tantas el sábado. Muchas danzan para el público.
Pero algunas bailan exclusivamente para el Pelado, que se tira
al piso y disfruta de un panorama inmejorable. La del maquillaje
de gata termina refregando sus tetas colosales en la cara del
cantante. ¡Idolo!
Bersuit tiene un rollo con las mujeres. Y las mujeres con rollos
le encantan a Bersuit. "Valen más dos gordas que Brooke
Shields / Traigan dos gordas / A las dos, a las dos las quiero
acá", dice el estribillo de "La milonga me gusta
de verdad". El tema, que no fue compuesto por el berretísimo
Rodolfo Zapata, aunque bien podría, quedo afuera de Hijos
del Culo (para fortuna del mejor disco de estudio de Bersuit Vergarabat),
pero los músicos insisten en seguir tocándolo. Y
así como el escenario se llena de tetas en "Hociquito
de ratón" y de petisitas culonas en "La Petisita
Culona", cuando suena "La Milonga..." suben...
dos terribles gordas. ¡Verbo carne!
Ya
llevamos un par de horas de charlas con los ocho Bersuit en el
bar Británico, cuando les propongo hablar con cada uno,
por separado. "Bueno", dice Dany, "primero vamos
nosotros". ("Ahí los tenes a Dany y al Cóndor"
me habia dicho el Pelado. "Los nombro a los dos juntos porque
son como los hermanos Macana" Es muy difícil pensar
en uno sin pensar en el otro.")
Dany (Daniel Suárez) y el Cóndor (Germán
Sbarbatti) tienen la misma edad (30) y hacen música juntos
desde 1988. Empezaron a tocar con una banda de culto del Oeste
del conurbano bonaerense, Resortes Antágonicos, con la
que grabaron dos discos. Dicen que Resortes hacia "un rock
muy de los 80" y que era "muy correcta y muy fría
a la vez; le faltaba lo que le sobra a la Bersuit: magia".
En la banda, Dany cantaba y tocaba la guitarra y el Cóndor
cantaba y tocaba el bajo. En su tiempo libre hacían tango
y folklore, jugando con las armonías vocales como lo hacen
hoy en Bersuit. Además, el Cóndor canta en coros
desde hace quince años y desde hace doce dirige el Coro
Municipal de Niños de Moreno.
Los dos entraron en Bersuit en noviembre del 96. Un tiempo antes,
el entonces manager de Resortes (y actual manager de la Bersuit),
Cristian Merchot, les propuso hacer una gira a las dos bandas
juntas y fue allí donde todos se conocieron. Dany manejaba
un micro de gira y ambos empezaron como chofer y plomo, pero enseguida
aparecieron en escena como cantantes invitados. El demo por el
que Gustavo Santaolalla accedió a producir Bersuit Vergarabat
- luego de varias negativas y después de asegurar (tras
un show "patético" según el Pelado, en
El Viejo Correo) que con ellos era "imposible" trabajar
- fue grabado en la sala de ensayo de Resortes Antagónicos,
en Morón.
En Libertinaje, Dany y el Cóndor aparecen como "invitados
permanentes"; a partir de Hijos del Culo, como integrantes
de la banda. Sus armonías murgueras remiten (aun más)
a la banda de Jaime Roos. Sin embargo, el Cóndor jura que
antes de entrar a Bersuit no conocían nada de música
uruguaya. "Lo que pasa es que, como hace años que
estamos estudiando canto, eso te da la posibilidad de adaptarte
rápido a un montón de cosas. Nosotros escuchamos
música uruguaya durante media hora y ya estamos cantando
como uruguayos." Y Dany agrega: "Pero nuestra influencia,
en realidad, es el rock nacional. Las armonías vocales
las sacábamos más que nada de bandas como Serú
Girán. Charly, Pedro y David armonizaban bárbaro".
En escena, Dany y el Cóndor resultan fundamentales. Pueden
pasar inadvertidos por un buen rato y enseguida salir al frente,
saltando y arengando al baile, el canto y el pogo. A veces se
entusiasman tanto que se les va un poco la mano: el viernes, en
Obras, el Cóndor calculó mal el salto, y el sábado
y el domingo tuvo que aparecer en escena con una muleta, por una
distensión de ligamentos. El Pelado los elogia.
- Son delanteros goleadores que por ahí no aparecen mucho
dentro del show... pero cuando aparecen hacen un gol. No están
en el armado de las canciones, pero te las embellecen. Y la hinchada
grita cuando los ve; juegan para la hinchada, son un 9 y un 11
tribuneros.
Antes
de empezar los shows de Obras, los pibes cantan: "Oooooh,
que se vaya Duhalde/ a la concha de su madre"; "Ooooh,
que se vayan todos/ que no se quede uno solo"; "Como
a los nazis les va a pasar/ a donde vayan los iremos a buscar";
y "Piqueteros carajo!". Son consignas paridas en las
marchas de las Madres, en los escraches de la agrupación
H.I.J.O.S., en las asambleas barriales, en los cortes de rutas.
Bersuit Vergarabat es la banda que mejor está represetando
el compromiso social y político con lo que pasa aquí
y ahora, algo que en los 80 fue patrimonio exclusivo de compungidos
cantautores y en los 90 explotó en el rock con Los Fabulosos
Cadillacs. El compromiso de Bersuit a veces se manifiesta en todo
de denuncia; otras, como una celebración desbocada de embriaguez
y sexualidad; muchas, echando mano al humor más popular,
de trazo grueso y gusto dudoso; la mayoría, haciendo una
mezcla de todo eso.
Mientras afueran los chicos gritan y acomodan las banderas, en
el camarín, el Pelado recibe a los trabajadores de Perfil
y de Zanón y les pide que le expliquen exactamente por
qué están luchando; quiere que el sho salga bien
y se vuelve obsesivo. Tanto que, por primera vez en cuatro días,
lo veo coqueto: lo maquillan, le delinean los ojos; parece Ney
Matogrosso, pero machito y del Docke. No es la estrella de rock
más producida del país, no, pero - si tenemos en
cuenta lo poco que parece importarle su imagen en la vida cotidiana
- en el escenario es puro glamour.
Mientras elige cuidadosamente su pijama vuelve destacar la idea
de grupo y me explica que desconfía de los líderes.
Al mismo tiempo, asume su condición de líder de
la banda. Es parte del equilibrio que Bersuit logró en
los últimos años. Y así como tiene claro
cuál es el lugar que ocupa en la cancha cada uno de sus
compañeros, también sabe perfectamente cuál
es el suyo.
- Yo soy el que se carga el equipo al hombro. Tengo la cinta de
capitán y por eso tengo que conciliar más que confrontar.
Muchas veces hablo como dos personas: por un lado, mi ego, lo
que yo siento y lo que tengo ganas; por otro, la persona que está
fuera de mí y habla pensando en la banda.
Ese razonamiento es lo que lleva a insistir sobre cómo
funciona el equipo y sobre, por ejemplo, el modo en que juntos
resuelven la distribución de las ganancias: el dinero que
cobran por derechos de autor lo reparten en partes iguales entre
todos los integrantes. "Aunque", admite, "a mi
ego no le gusta regalar plata por derechos de autor". Dice
que, gracias a eso, el grupo sostuvo durante catorce años;
que eso le da a todos la libertad para elegir las canciones, ya
que nunca hay competencia por anotar un tema en SADAIC. O sea:
"El que no hace canciones cobra lo mismo que el que las hace".
Ahora le pide al manager que no deje pasar a nadie más
a la zona del camarín donde están los músicos;
que se queden todos del otro lado, donde están las chicas,
los familiares, los amigos. Necesitan concentrarse. Me confiesa
que antes de subir a escena no va atomar nada porque quiere estar
bien. Desde afuera llegan los gritos de los pibes que cantan "olé,
olé, olé olé olá/ de la cabeza con
Bersuit Vergarabat". El Pelado dice que esa es una buena
consigna para el público, pero no para él; que en
ese momento prefiere disfrutar de lo que le gusta hacer, que es
cantar y no estar de la cabeza. A cambio. Se pone a hacer ejercicios
de yoga "para estirar todos los músculos".
Cuando esta nota comenzó a producirse, el Pelado no quiso
saber nada con aparecer solo en la tapa de Rolling Stone; creia
que había abusado demasiado de su imagen e insistía
en que Bersuit es una banda de ocho personas que tienen voz y
voto y que toman decisiones... le guste o no a quien en las entrevistas
muchas veces aparece como el dueño del circo. Finalmente
accedió en parte: en la tapa podía estar solo, pero
adentro tenía que aparecer toda la banda. Más que
nunca, quería destacar que el grupo humano por sobre las
individualidades.
En los casi veinte días que duró este reportaje,
el Pelado retomó una y otra vez en la idea del triunfo
colectivo como la mejor forma de sobreponerse a las adversidades.
En los camarines de Obras no quiso pasarlo por alto.
- Creo que estamos acompañando el momento social de cabo
a rabo. Y la gente está acompañando también
en nuestro momento. Justo cuando surgen las asambleas populares,
y los grupos humanos empiezan a fortalecerse, la Bersuit está
llenando tres Obras.
Los de seguridad despejan el acceso y el manager da el OK. "bueno,
vamos", ordena el Pelado y se pone último en la fila.
Los ochos jugadores atraviesan el pasillo y suben la escalera
que los lleva rumbo al escenario.Afuera, la monada ruge. Se viene
el estallido.
Fuente
de información:
Rolling
Stone Nº 53 - Agosto 2002
Producción: Paula Garcia
|